Pagar impuestos con pérdidas, el curioso caso de la plusvalía

Cuando el contribuyente tiene que hacer frente al pago de un impuesto lo que espera es pagar lo justo que marca la norma, no más. Los impuestos gravan cuánto ganas (IRPF, Impuesto de Sociedades), cuánto gastas (IVA) o cuánto posees (Impuesto sobre el Patrimonio, IBI). Por tanto, cuando toca pagar el consuelo es que se paga en base a dichos parámetros, que tienes propiedades, gastas mucho o ganas determinada cantidad. Sin embargo existe un impuesto que tal como está diseñado hace que tengamos que pagar aunque perdamos dinero. Este impuesto es el Impuesto sobre el Incremento del Valor de los Terrenos de Naturaleza Urbana (IIVTNU). Detrás de este nombre tan rocambolesco se esconde el impuesto comúnmente conocido como plusvalía municipal. El objetivo de este impuesto es que paguemos por los incrementos de valor de los terrenos en el momento en que los vendemos. El problema surge con el modo en que se calcula ese incremento. En el momento en que pensamos que se grava el incremento del valor pensamos en que ese incremento es la diferencia entre el valor del terreno en el momento de la venta menos el valor del terreno en el momento de la compra. Pues no. En este impuesto el incremento se calcula aplicando un porcentaje fijo de revalorización fijado por cada ayuntamiento y multiplicándolo por los años que hemos tenido ese inmueble. Es decir, no se tributa por una revalorización real, sino por una revalorización teórica, en base a los porcentajes fijados por los ayuntamientos, hasta el límite que marca la Ley. Ese incremento se calcula sobre el valor catastral. Para el que no...

Tributación de los regalos de boda

Los meses de verano suelen ser los meses en que la mayoría de parejas deciden celebrar su boda. Cuando a los invitados se les comunica el enlace mediante la invitación lo primero que se les pasa por la cabeza es el dinero que se van a gastar, primero en la ropa, y luego en el regalo a la pareja. Y es en estos regalos en los que nos centraremos. Los regalos de boda suponen una donación. Es decir, una liberalidad de una persona hacia otra, se entrega un bien, normalmente dinero, de forma libre y sin esperar contraprestación alguna (quizás lo único, pasarlo bien en el banquete). La Ley del impuesto de sucesiones y donaciones y la normativa que la complementa no contempla ningún tipo de exención o beneficio para este tipo de donaciones. Teóricamente se debería tributar desde el primer euro. Lo que ocurre es que Hacienda no persigue este tipo de donaciones, primero, porque lo más seguro es que el esfuerzo que llevaría hacerlo tampoco compensaría la recaudación (o eso suponemos) y segundo, porque las donaciones por el motivo de una boda es un uso social totalmente extendido, además, la Agencia Tributaria está formada por personas que se casan o van invitados a bodas. También no estaría de más pensar en la repercusión negativa de hacer esto, como ya pasó cuando la SGAE decidió empezar a exigir el canon a matrimonios por la música que era reproducida durante sus banquetes. ¿Cómo tributan las donaciones? El Impuesto de Sucesiones y Donaciones es uno de los impuestos transferidos a las Comunidades Autónomas, con lo que dichas comunidades tienen competencias...

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